La versión exitosa del neoliberalismo – Adrian Ravier

Nadie sabe bien qué es el neoliberalismo, pero lo que parece estar claro en la opinión pública argentina es que ha fracasado. Se lo identifica generalmente con el “Consenso de Washington” o con algunos autores de la Escuela Austriaca y la Escuela de Chicago, especialmente Ludwig von Mises, Friedrich Hayek o Milton Friedman. Pero lo cierto es que las ideas que estos autores defendieron tienen poca o nula relación con la política económica de aquellos países que toman como ejemplo, especialmente la Argentina noventista. De hecho, la corrupción, el excesivo gasto público, los recurrentes déficits fiscales, el endeudamiento, la falta de federalismo, el mercantilismo del Mercosur, el atraso cambiario y la falta de un sistema republicano de gobierno con respeto por las instituciones y la división de poderes, no parece ser consistente con la ortodoxia del “liberalismo”.

En lo que sigue, no intentaré volver sobre la disputa comentada, sino señalar que varios países latinoamericanos, a pesar de sufrir el impacto de la Crisis del Tequila de 1995, la crisis asiática de 1997, el default ruso de 1998, la devaluación de Brasil en 1999 y las depresiones norteamericana y argentina de 2001, aun así continuaron por el mismo camino “neoliberal” y los resultados fueron positivos.

 

 

Dos caminos alternativos

Tras la década perdida de 1980, los países de Latinoamérica emprendieron un camino de cierta apertura económica y privatización de sus empresas públicas deficitarias. El Estado había resultado ineficaz en gestionar los servicios públicos como la luz, el agua, el gas o las telecomunicaciones, y en algunos países la monetización del déficit fiscal que precisamente provocaban esas empresas en manos estatales terminó con una acelerada inflación.

Las reformas implementadas en la década del 90 permitieron a los países latinoamericanos modernizar sus economías. La inversión extranjera directa estaba representada en grandes flujos de dinero, pero también en know how, sobre cómo gestionar las inversiones en ciertos campos clave que permitieran a la economía tecnificarse. En prácticamente todos los países latinoamericanos se observó una extensión de los servicios públicos en toda la amplitud de sus territorios nacionales, cuando antes eran negados a una gran parte de la población, al mismo tiempo que se construyeron autopistas y rutas que hicieron más eficiente la comunicación entre los estados provinciales, extendiendo la frontera de posibilidades de la producción.

En algunos países, como Argentina, Bolivia, Venezuela o Ecuador, -y por diferentes causas- el modelo hoy calificado como “neoliberal” no terminó bien, y la opinión pública decidió apoyar otros modelos que cambiaran el rumbo. Es así que en la última década estos cuatro países decidieron apoyar un modelo de desarrollo interno, privilegiaron las relaciones dentro del grupo, avanzaron en un modelo de sustitución de importaciones- y planificaron un entramado de subsidios y regulaciones que escaseaban en la década anterior.

Otros países, sin embargo, continuaron con aquel modelo “neoliberal”. Chile, Colombia, Perú, Uruguay y México evitaron cerrar sus economías y doblaron esfuerzos en intentar atraer capitales como base de su desarrollo productivo, al tiempo que mantuvieron las privatizaciones de los servicios públicos como un factor acertado de los gobiernos previos.

 

 

¿Resultados similares?

En el período 2003-2008 las estadísticas muestran que ambos modelos fueron exitosos en términos de aumentar la inversión, reducir la pobreza, crear empleo, alcanzar un crecimiento económico acelerado e incluso reducir la carga de la deuda en relación con el PIB.

La similitud, sin embargo, es sólo aparente. Y no me refiero únicamente a lo engañosas que pueden resultar las estadísticas en el primer grupo -especialmente Argentina y Venezuela-, sino a otras cuestiones de fondo.

Mientras Argentina, Venezuela, Bolivia y Ecuador expandieron la inversión pública, las otras economías estimularon la inversión privada. Mientras el primer grupo creó mayor empleo público y expandió los planes sociales, el segundo creó empleo privado. Mientras el primer grupo redujo la deuda pero aceleró la inflación, el segundo grupo redujo la deuda, con estabilidad monetaria. Mientras el primer grupo muestra un crecimiento del gasto público sobre PIB, en el segundo grupo este ratio cae. Mientras el primer grupo nacionaliza empresas privatizadas en la década anterior, el segundo grupo profundiza aquel modelo y mejora las regulaciones.

La crisis global de 2009 golpeó a las economías emergentes latinoamericanas, pero a partir de 2010 el primer grupo se estancó o entró en recesión, mientras el segundo grupo continuó su expansión económica. Los fundamentos de la expansión del segundo grupo, basados en fundamentos “neoliberales” (apertura económica, privatizaciones, baja presión tributaria y bajo gasto público relativo, por ejemplo) deberían abrir un interrogante en quienes creen que este modelo ha fracasado.

Analizar el fugaz “crecimiento económico” argentino (fue más recuperación que crecimiento real) frente a lo genuino y sostenible del modelo que aplicaron los países de la Alianza del Pacífico, nos debería dejar lecciones de por dónde debería ir la política económica de nuestro país y de los países del primer grupo.

 

 

De la Alianza del Pacífico a la Alianza Latinoamericana

Mauricio Macri ganó las elecciones em 2015 fundando su campaña en este cambio que resultó lógico para la opinión pública, tras los límites económicos y sociales que enfrentó el populismo.

El cambio propuesto, sin embargo, todavía es lento en insertar a la Argentina al mundo y prácticamente nulo en reducir el gasto público, la presión tributaria y el déficit fiscal.

El excesivo gradualismo impide alcanzar mejor resultados de actividad económica y empleo genuino, pero al menos la Argentina inicia una transición adecuada. Bolivia, Ecuador y Venezuela todavía siguen su rumbo herodoxo, y eso dejará tristes resultados para su población.

La esperanza está en que poco a poco los países del primer grupo aprovechen las lecciones que en la última década nos ha dejado el segundo grupo, y que la Alianza del Pacífico se convierta en una Alianza Latinoamericana.

 

 

Publicado originalmente en El Cronistael 24 de septiembre de 2017

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